10. Defensa scramble

Faltaríamos a la verdad si asegurásemos que antes de la aparición del rugby profesional, sobre las década de los 90, se realizaba un análisis exhaustivo de la actuación de los equipos. Por ejemplo, en términos de defensa, se solía cuantificar la eficacia de la misma en función de las veces que el ataque era capaz de batir a la línea defensiva rival.

Esto no podemos decir que haya cambiado mucho a lo largo del tiempo o dicho de otra manera más próxima a la realidad, aún se puede utilizar esta forma de analizar la eficacia defensiva, aunque en la actualidad la ruptura de la línea de defensa no marca ni el principio ni el final del éxito defensivo, ahora tenemos que tener en mente que lo que sucede o como actúa la defensa después de la ruptura es igualmente importante.

Cuando un equipo es capaz de reaccionar y actuar inteligentemente cuando tienen que retroceder para neutralizar una ruptura del rival, está demostrando su eficacia defensiva. Al sistema que se desarrolla para llevar a cabo dicha actuación se le conoce como defensa scramble.

En principio cabría pensar que una vez que la defensa es rota, los defensores superados retroceden como «pollo sin cabeza» en su intento de neutralizar la efectividad atacante y nada más lejos de la realidad, los defensores comienzan a organizarse desde el momento que se produce la ruptura, de tal forma que los defensores que retroceden tienen que intentar cubrir a todos los posibles apoyos del portador del balón, para en el caso de que reciban el balón de un pase puedan ser neutralizados. Si esto se logra, el portador del balón se verá en la obligación de permanecer con el mismo y se incrementarán las posibilidades de si es capturado se anule la continuidad y, por tanto, se gane un tiempo precioso para la reorganización defensiva.

En resumen podemos concluir que no solo se trata de qué hacer para evitar que se produzca una ruptura, sino también qué hacer cuando esta se ha producido. La utilización del medio de melé en su papel de defensor de cobertura, la necesidad de ocupar el espacio entre el portador del balón y el/los apoyos principales y, sobre todo, que los defensores nunca caigan en el desánimo y abandonen la persecución, son elementos esenciales en la construcción de una defensa scramble de éxito.

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