2. La barrera defensiva

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Independientemente del sistema defensivo que se emplee, todos están basados en establecer una barrera defensiva, que constituye la primera línea de defensa. De la infranqueabilidad de esta barrera dependerá el mayor o menor éxito de la defensa.

La relación entre el número de jugadores y la anchura del campo limitan la posibilidad de que este sea cubierto con garantías por la barrera defensiva, sin dejar grandes espacios entre los eslabones que constituye la cadena de defensores. Espacios que pueden reducirse mediante una buena sincronización de movimientos y comunicación entre los jugadores que la componen. Sin estos elementos, un ataque consciente podría explotar los huecos que se establecen mediante cambios de trayectorias o simplemente basándose en las técnicas de evasión de sus jugadores.


El primer objetivo de la barrera defensiva es “interconectar” a los jugadores de tal forma que imposibiliten una penetración por el centro de la misma. Una ruptura en estas circunstancias garantizaría, con toda probabilidad, un ensayo rival, ya que en el mejor de los casos, disponer de un jugador en cobertura defensiva, tendría que enfrentarse a una situación 1 v 1 en la que puede ser batido por ambos lados, y en el peor a una superioridad numérica atacante.

Por otra parte, si se blinda la zona central, acortando los espacios entre los defensores, se abren espacios en los extremos. Ahora es la responsabilidad, la comunicación de los jugadores sobre quién está marcando a quién y el desplazamiento coordinado de la barrera lo que va a dictar que la utilización de los espacios al exterior de la barrera se vea reducida.