7. Las lesiones en rugby

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    Para definir el termino lesión voy a utilizar el término planteado por Fuller C.W. y colaboradores en 2007:

    Lesión: Cualquier queja de un jugador durante un partido o entrenamiento que provoque que dicho jugador no pueda participar en todas las actividades de un entrenamiento o partido por más de un día después de la lesión, sin tener en consideración si había o no entrenamiento o partido previamente fijados.

    Estas pueden dividirse en el tipo de lesión: muscular, ósea o ligamentosa; la manera de producirse: con o sin contacto; cuando se producen: ya sea en partido o entrenamiento, o en qué minuto de partido; la severidad de la lesión: mínima (2-3 días), media (4-7 días), moderada (8-28 días) y severa (+28 días); o el lugar de la lesión: cabeza-cuello, espalda alta, hombro-escápula, espalda baja-cadera, rodilla, tobillo-pie; y la categoría de la lesión: contusión-hematoma, esguince, ruptura, luxación, etc.

    El rugby union, como otros deportes de contacto similares como el rugby league, el fútbol australiano o el fútbol americano tienen un ratio de lesiones mayor que deportes con contacto medio o sin contacto, esto ha provocado que la World Rugby, al igual que otros estamentos, creen un enfoque basado en la lesión para el tratamiento de las mismas en el rugby. Debido al enorme cuerpo de investigación sobre lesiones y prevención, los nuevos dispositivos de entrenamiento y a la cantidad de información disponible cabría pensar que el número de lesiones está disminuyendo, sin embargo parece que esto no es así.

    En un reciente estudio publicado en Julio de 2016 se analizaron todas las lesiones producidas en el campeonato del mundo de 2015 disputado en Londres y se comparó con los datos obtenidos en los campeonatos del mundo de 2011 y 2007.

    En 2015 se jugaron 48 partidos (40 en fases de grupo y 8 en fase final) y se produjeron 173 lesiones (90 tres cuartos y 83 delanteros) durante partido y 20 durante los entrenamientos (8 tres cuartos y 12 delanteros). Los jugadores más proclives a lesión fueron los centros, por lo deberíamos prestar más atención a los protocolos preventivos de dichos jugadores.

    El 76% de las lesiones se produjeron en contacto. Este tipo de lesiones no son fácilmente estudiables, ya que no se producen los mismos mecanismos lesionales, esto se debe a que al entrar en juego otro jugador las posibilidades de producirse un mal movimiento son infinitas. Además actualmente los jugadores son más rápidos, hay un mayor tiempo de juego y los contactos son más duros (medido en fuerzas G), por lo que cabría pensar que el cóctel pro-lesión es perfecto, y los datos nos dicen que nuestra suposición es correcta. Las lesiones durante partido han ido aumentando de 2007 a 2011 y a su vez a 2015, y debemos ser muy críticos a este respecto, ¿Estamos haciendo todo lo posible para disminuir estas cifras? ¿Hemos cambiado los planes de entrenamiento con respecto a los últimos 10 años? ¿Estamos haciendo trabajos preventivos eficaces?


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    Como vemos las lesiones con más tiempo de recuperación corresponden a rodilla y cadera (ligamentos e isquiosurales) esto es muy similar a otros deportes de parada y arranque y cambio de dirección, como fútbol o fútbol americano, sin embargo, aunque con menor número de lesiones encontramos la luxación de hombro, observamos que los días de ausencia es de 321, un número mucho mayor que el resto de lesiones más comunes, por lo que deberíamos poner un acento importante en nuestra planificación de entrenamiento sobre estas estructuras.


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    Durante los entrenamientos (sorprende que aún se produzcan lesiones en entornos controlados) encontramos que apenas se produjeron lesiones en situaciones de contacto, sólo un 25% de ellas, esto es totalmente contrario a lo que ocurre en situaciones de partido, siendo fácilmente explicable, ya que se debe a que el tiempo total de entrenamiento dedicado a situaciones de contacto real es mínimo, incluso encontramos que la mayoría de entrenamientos no tienen este tipo de situaciones, por lo que las posibilidades de lesionarse en un entrenamiento con contacto son mínimas. El 45% de las lesiones se produjeron en situaciones de semi-contacto, ahí es donde deberíamos poner nuestro foco atencional como entrenadores y preparadores físicos, para disminuir este porcentaje eligiendo ejercicios que expongan a los jugadores a menores situaciones de riesgo lesional.

    Como conclusiones del pasado mundial se obtiene que tanto el número como la severidad de las lesiones tiene una tendencia creciente desde 2007, que los tres cuartos han sufrido un incremento del 25% con respecto a los delanteros en el número de lesiones y que las zonas lesionales más comunes son cabeza y rodilla. Esto no sólo pasa en jugadores sénior, en jóvenes nos encontramos con una incidencia lesional similar, por tanto, debemos poner nuestra atención en la prevención de las mismas.


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    Volviendo a las preguntas planteadas anteriormente, ¿Estamos haciendo todo lo posible por disminuir el índice y severidad de las lesiones que sufren los jugadores? Humildemente pienso que no, la preparación física en rugby ha evolucionado bastante poco en los últimos años, se siguen confundiendo términos como fuerza máxima y máxima carga que puedo utilizar en un determinado ejercicio, se siguen promoviendo métodos de entrenamiento más parecidos al culturismo que a deportistas de élite, no cuantificamos el entrenamiento más que en series, repeticiones y carga utilizada, cuando ya se han comprobado que estas variables no son precisas, no ponemos acento en la fase (excéntrica o concéntrica) en función del músculo y su función primaria durante el juego, no realizamos un análisis de cada jugador y planteamos un trabajo preventivo individual, y un largo etc. Con esta sección voy a intentar cambiar el paradigma de trabajo, dar herramientas a los preparadores físicos, traer la ciencia a un lenguaje que todos podamos entender y mejorar la condición física de nuestros jugadores, manteniendo la balanza riesgo-beneficio mucho más cerca del beneficio de lo que ahora está.



    Referencias

    - Bathgate A., Best JP., Craig G., Jamieson M., (2002). A prospective study of injuries to elite Australian rugby union players. Br J SportsMed. ;36(4):265-9
    - Fuller CW, Molloy MG, Bagate C, et al (2007). Consensus statement on injury definitions and data collection procedures for studies of injuries in rugby union. Br J SportsMed.;41:328–31.
    - Fuller, C. W., Taylor, A., Kemp, S. P. T., &Raftery, M. (2017). Rugby World Cup 2015: World Rugby injury surveillance study. British Journal of Sports Medicine;51, 51–57.
    - Viviers, PL.,Viljoen JT., Derman W. (2018). A Review of a Decade of Rugby Union Injury Epidemiology: 2007-2017. J SportsHealth;10(3):223-227.
    - Yeomans C., Kenny IC., Cahalan R., Warrington GD., Harrison AJ., Hayes K., Lyons M., Campbell MJ., Comyns TM. (2018). The incidence of Injury in Amateur Male Rugby Union: A Systematic Review and Meta-Analysis.SportsMed. ;48(4):837-848.