4. El rugby ... ¿valores?

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Introducción

En estos días, los medios de comunicación están presentando noticias referidas a la violencia en el fútbol. Este tipo de violencia está vinculada, principalmente, a las actitudes que algunas personas manifiestan de forma habitual en los campos de fútbol y que afectan directamente al deporte y a los propios niños.



Los valores que acompañan a nuestro deporte modulan el comportamiento de las personas involucradas en él pero, en algunas ocasiones, se pueden observar actitudes que no armonizan con los valores deseados. Parece claro que una de las funciones que se espera de los entrenadores es la formación técnico-táctica de sus deportistas, sin embargo las responsabilidades adscritas al cargo van más allá. Cuando hablamos de entrenadores de categorías inferiores, entre estas, podemos destacar la creación de un ambiente que estimule el desarrollo y aprendizaje de valores adecuados para el bienestar social y de nuestro deporte.

Los valores

“Detrás de todo lo que hacemos en la vida hay un porqué. Las investigaciones encuentran consistencia en un factor que afecta a este porqué, los valores” (Eggenstrand y Vaughan). Estos autores añaden que si los entrenadores se preguntaran por qué entrenan o por qué entrenan de la manera que lo hacen la respuesta sería similar, sus valores.

Para empezar a hablar de valores, en primer lugar debemos clarificar el concepto. ¿Qué son los valores? No es fácil encontrar una definición concreta, sin embargo a continuación se presentan algunas interpretaciones de autores de relevancia:

-Proyectos globales de existencia (individual/social) que se instrumentalizan en el comportamiento individual a través de las actitudes y del cumplimiento consciente y asumido de unas normas” (Lucini).

-Creencias más o menos duraderas a través de las cuales las personas acogemos determinado tipo de conductas preferibles, no solo a nivel personal sino también social, rechazando conductas opuestas” (Arufe).

-Son representaciones de lo que consideramos importante en la vida y conecta con nuestras aspiraciones y motivaciones” (Eggenstrand y Vaughan).

Los valores y el deporte

Una vez definidos los valores, ¿tiene valores el deporte? y contretamente, ¿los tiene el rugby?

Socialmente se asignan valores a los deportes ya que se considera que generan actitudes como disciplina, valor, esfuerzo, superación, … Del mismo modo, y como ya hemos adelantado, el rugby es un aventajado en la asignación de valores. Muchas organizaciones como la World Rugby o diferentes federaciones han establecido los valores principales.

Sin embargo, como todos hemos podido comprobar en alguna ocasión, el deporte también genera otro tipo de actitudes menos deseables como ganar a cualquier precio, individualismo, violencia, agresividad, falta de respeto, competitividad excesiva…

En el mundo empresarial, cuando se crea de una empresa, se busca el factor “X” que la diferencie del resto de entidades del mismo sector, de forma que anime al cliente a elegir una en lugar de otra. Los valores pueden ser ese factor "X" del deporte frente a otras actividades culturales, del rugby frente a otros deportes, o de tu club o escuela frente a otros.

En nuestra sociedad el desarrollo de los valores cobra especial importancia, en cualquier caso, a pesar de que la sociedad le conceda valores al deporte y especialmente al rugby ¿cómo se desarrollan?, ¿cómo los desarrolla tu club, tu equipo o tú como entrenador? En la mayoría de las ocasiones el desarrollo de estos valores en rugby se lleva a cabo por tradición popular, es decir, aprendemos por actitudes que tradicionalmente se han heredado de jugadores veteranos o entrenadores a los más jóvenes. Este es un proceso de aprendizaje implícito, pero ¿qué valores se transmiten? Si no realizamos un trabajo sistemático en el desarrollo de valores, cada club, escuela, equipo... transmitirá valores distintos y, en algunos casos, puede que no sean los más deseados como se demuestra en determinados campos de juego.

El desarrollo de valores

Para asegurar el desarrollo de valores positivos, debemos establecer una metodología de trabajo adecuada. La adquisición de valores se muestra a través de las actitudes (ante la victoria y derrota, ante el contrario, ante la adversidad, ante el esfuerzo…). Por tanto, el desarrollo de valores está íntimamente relacionado con el desarrollo de éstas. Las profesoras Prat y Soler indican que, en deporte, los contenidos actitudinales han sido poco desarrollados, quizás por este motivo no exista un trabajo riguroso a la hora de inculcar valores en nuestro deporte. A pesar de esto, estás docentes proponen la aplicación de una metodología congnitivo/construtivista aplicada en el mismo contexto en el que se producen estas actitudes para su desarrollo. Para ello, las autoras consideran que se debe incidir en tres aspectos:

1º) Aspecto cognitivo: en primer lugar hay que establecer los valores considerados adecuados, así como explicar y argumentar porqué son importantes. En este proceso es fundamental implicar a las personas involucradas (jugadores, técnicos, delegados, managers, directivos…) en el desarrollo y establecimiento de estos valores, haciéndolos participes de igual modo que como expusimos en el establecimiento de objetivos para conseguir una cultura de equipo de calidad. Seguidamente, se debe dejar patente a través de carteles, mensajes, web..., cuáles son estos valores que se van a trabajar durante un microciclo, una temporada o durante la vida en un club.

2º) Aspecto afectivo: una vez que se han dejado patentes los valores a trabajar, es necesario implicar a las personas en su aplicación. Existen muchas estratégias de trabajo, como el “Storytelling” (contar anécdotas o alguna historia con moraleja relacionada con los valores), “role-playing”, establecer dilemas morales, reflexionar sobre frases incompletas…, para que las personas implicadas comprendan la importancia de los mismos.

3º) Aspecto conductual: como colofón, después de que se han comprendido los valores y que se ha motivado para desarrollarlos, es necesario aprender a llevarlos a cabo a través de actividades. Puede que en algunos casos se haya realizado parte de los procesos anteriormente mencionados, pero en la mayoría de los casos adolecemos de actividades que nos preparen para aprender actitudes que conllevan los valores establecidos. Es necesario diseñar actividades que nos ayuden a implantar estos valores en la actividad diaria. Por ejemplo, si queremos desarrollar el trabajo en equipo, debemos fomentar ejercicios de cooperación; si queremos desarrollar el valor de “la paz” (no agresividad) debemos establecer estratégias de resolución de conflictos y generar una comunicación no violenta; si queremos desarrollar la honestidad y el "fair play" debemos fomentar el respeto a las normas y al árbitro... Todas estas actividades, como ya hemos mencionado, deben aplicarse en el contexto en el que se producen, es decir, durante el entrenamiento, en los encuentros, terceros tiempos...

Además de las actividades anteriormente mencionadas, debemos diseñar un sistema de refuerzos sobre los valores establecidos. En algunos aspectos, estos refuerzos están inconscientemente implantados, por ejemplo, cuando aparece un placaje ganador el aplauso es generalizado reforzando el valor de la valentía. ¿Celebramos de igual modo cuando un deportista es disciplinado en el entrenamiento, respetuoso con el árbitro o solidario con los compañero? Establezcamos en nuestra organización buenos hábitos de refuerzo que animen a manifiestar actitudes deseables y a recordar qué se espera de nosotros.



Los chicos y chicas son aprendices activos que construyen su propia comprensión del mundo reflejando y respondiendo a su entorno, por este motivo, otro factor fundamental para el éxito de los valores es establecer un contexto social adecuado. Si los entrenadores, directivos, delegados..., y principalmente los padres promueven valores diferentes es dificil el éxito. Los educadores debemos prestar especial cuidado al ambiente que rodea a nuestros discípulos y para ello no podemos olvidar atender a las personas que acompañan a nuestros jugadores. Abrir vías de comunicación para que comprendan la filosofía del juego y de nuestro club, los objetivos del equipo o los del propio jugador, son elementos fundamentales en la agenda del entrenador que aseguran el desarrollo adecuado de los jugadores y jugadoras. Si queremos a nuestro deporte y a nuestros deportistas, elaboremos las vacunas adecuadas que nos inmunicen del efecto de influencias negativas externas.

Resumen

En general se le confiere al rugby la capacidad de inculcar valores positivos y efectivamente, por sus características, este deporte propicia valores deseables para la sociedad, sin embargo no siempre ocurre así. Para asegurar el desarrollo de estos valores positivos es fundamental realizar un trabajo bien planificado, como cualquier otro aspecto del juego. No podemos esperar que los jugadores aprendan a pasar en spin sin llevar a cabo actividades de enseñanza y aprendizaje adecuadas. Del mismo modo, no podemos esperar que los jugadores adquieran el valor del trabajo de equipo sin establecer un trabajo planificado y sistemático.