3. Las cualidades psicológicas de un buen árbitro III

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5. Integridad:

La integridad es la realización de un partido de manera imparcial y honesta, totalmente independiente de las reacciones mostradas por los jugadores, entrenadores o espectadores, el tiempo que queda hasta el final del partido, el resultado, las decisiones anteriores o cualquier otra fuente de influencia. La mejor forma de garantizar nuestra integridad es tener en cuenta estos dichos "cuantos más amigos tienes, más opiniones existen" (o " haz sonar el silbato por lo que ves con tus propios ojos").

Es extremadamente importante que mantengamos nuestra integridad, tanto dentro como fuera de la campo de juego. Aunque somos conscientes de nuestra responsabilidad cuando arbitramos, también debemos pensar en nuestra integridad cuando no estamos en el campo. Por esta razón, no debemos airear nuestras opiniones sobre jugadores o equipos con los que podemos estar implicados en el futuro y nunca hacer una apuesta en un partido en el que podamos participar, por pequeña que sea la apuesta.

Finalmente, revelamos nuestra integridad en las decisiones que rechazamos. Nunca aceptamos una cita que pueda comprometer nuestros valores, como podría ser el caso de una situación en la que un amigo cercano o familiar participa como jugador o entrenador.

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6. Sentido común:

El sentido común comienza con una comprensión completa y detallada de las normas que rigen un determinado deporte. Una vez que se ha adquirido, el conocimiento de las reglas del juego puede servir como una guía para determinar la legalidad del juego. Después, el sentido común que proviene de la experiencia, nos permitirá hacer frente a las diversas situaciones que se presentan en el arbitraje. El árbitro que sigue estudiando el reglamento y hace uso de su experiencia para mejorar personalmente, es probable que se convierta en un árbitro competente. Tenemos que participar en muchas prácticas de juegos con el fin de mejorar nuestro sentido común, al igual que un atleta necesita ejercitar ciertas técnicas con el fin de mejorar sus habilidades físicas. Cuando los árbitros describen ejemplos de situaciones en las que actuaron con sensatez, es inevitable decir que estuvieron:

1º Totalmente centrados en el partido o el evento.
2º Libre de distracciones o capaces de dejarlas a un lado.
3º Libre de prejuicios por las decisiones tomadas de antemano y por las reacciones posteriores de las personas involucradas.
4º Los buenos árbitros saben que si sus pensamientos están en las nubes se vuelven menos eficaces. La falta de concentración puede dar lugar a una decisión equivocada que puede marcar la diferencia entre ganar y perder. Muchos eventos deportivos duran 2 o 3 horas y no es fácil mantener la concentración durante todo el tiempo. Afortunadamente, la concentración es una habilidad que se puede trabajar y fortalecer.

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7. Confianza:

Los árbitros competentes tienen confianza en sí mismos y en sus habilidades. Esta confianza en sí mismo está presente en cualquier partido o situación.

Los árbitros que tienen confianza en sí mismos no pierden el control cuando se presentan situaciones difíciles. Esto no significa que nunca tengan ningún sentimiento de duda, pero sí quiere decir que no pierden la confianza en sí mismos, porque han tomado una decisión equivocada o han sufrido algunos reveses. Todos los árbitros nos acordamos de partidos que es preferible olvidar, pero un árbitro que tiene confianza no permitirá que esos recuerdos afecten a su creencia de que él está haciendo bien su trabajo.

Dos citas de árbitros veteranos muestran claramente el papel crucial que juega la confianza en el buen arbitraje. Un árbitro de baloncesto nos dijo: " Si no tienes confianza en ti mismo, es mejor no presentarse. Los entrenadores y los jugadores sienten inmediatamente que un árbitro no está seguro acerca de sus decisiones y van a tratar de aprovecharse de la situación. Yo siempre trato de dar una actitud de confianza cada vez que árbitro. Sin confianza en uno mismo, es difícil ganarse el respeto de los entrenadores, jugadores y aficionados".

Una árbitro de voleibol expresó la misma opinión y dijo: "La diferencia entre sentirse con confianza o no mientras se arbitra se basa en no experimentar dudas cuando tienen que tomarse decisiones rápidas e importantes. Se trata simplemente de actuar lo mejor que puedas".

A pesar de que la confianza puede ser, sin duda, difícil de adquirir, un árbitro de nivel mantendrá una actitud positiva en cualquier circunstancia. Dichos árbitros no se preocupan por los eventos que están fuera de su control, pero están lo suficientemente seguros como para enorgullecerse de sus mejores cualidades. Si nos acercamos a una cita para un partido sintiendo que va a ser demasiado para nosotros y sin creer en nosotros mismos, nos estamos preparando para un partido que va a meternos en aguas profundas.


8. Disfrute/Motivación:

Los mejores árbitros disfrutan de su tarea inmensamente. Esta sensación de placer está estrechamente relacionada con una actitud mental positiva y la sensación de vitalidad y energía. Ser un buen árbitro requiere de una buena dosis de trabajo duro, dedicación y experiencia práctica, todo lo cual se deriva de un alto nivel de motivación, que a su vez está relacionado con el disfrute. Si un árbitro comienza a perder esta sensación de disfrute, también perderá la motivación por el trabajo duro que se requiere. Lo único común a todos esos árbitros que lo han dejado es que han perdido esa sensación de disfrutar, debido a la intensa presión a la que son sometidos y por la sensación de que sus esfuerzos no son apreciados. Esta falta de disfrute y motivación puede verse en la siguiente cita de un árbitro de fútbol que fue un erudito profesor universitario:

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LA ADQUISICIÓN DE HABILIDADES PSICOLÓGICAS.

Hemos tratado de mostrar que el ser un buen árbitro no es sólo una cuestión de saber las reglas del juego, sino que también requiere una serie de cualidades personales. Una vez que el estado mental correcto se ha alcanzado, nuestro nivel de arbitraje nos lleva muy cerca de los límites de nuestro potencial, y esta es la clave básica para la adquisición y optimización de nuestras habilidades psicológicas. Cuanto más efectiva sea la forma en la que aprendemos a dominar estas habilidades, más probabilidades tendremos de llegar a nuestro potencial como árbitros. Por ejemplo, para establecer buenos canales de comunicación con los entrenadores, jugadores y aficionados, tenemos que desarrollar nuestras habilidades de comunicación. Aprender a expresarnos con claridad, ser un buen oyente y allanar el camino para la cooperación son algunos de los buenos ingredientes de la comunicación eficaz.

La elegancia se relaciona con la habilidad psicológica de ser capaz de relajarse. Mantenerse en calma y relajado durante las fases críticas del partido es una importante habilidad psicológica para los árbitros. Manejar la presión de los entrenadores, jugadores, espectadores y las llamadas de los medios de comunicación gracias a la capacidad de permanecer relajado, tanto física como psicológicamente. Esta habilidad puede ser aprendida por medio de ciertas técnicas de relajación como la relajación progresiva, respiración y ejercicios de entrenamiento autógeno.

El pensamiento decisivo requiere de buenas habilidades de concentración y la capacidad de enfocar la atención. Nosotros los árbitros, debemos concentrarnos totalmente en lo que está pasando y nunca distraernos. El uso de estimulantes para mejorar nuestra capacidad de atención, la comprobación de la visión y el mantenimiento de una capacidad de concentración sobre lo que está pasando, son algunas de las maneras de ayudar a mantener la atención centrada en el juego.

En resumen, las cualidades que los buenos árbitros tienen en realidad son habilidades psicológicas que pueden ser aprendidas y practicadas. Desafortunadamente, como hemos demostrado antes, la formación típica de la mayoría de los árbitros coloca el énfasis en las técnicas físicas. Pero las habilidades que distinguen a los mejores árbitros del resto son mentales, no físicas. La buena noticia es que existen técnicas que nos pueden ayudar a aprender estas importantes habilidades mentales. La adquisición de estas habilidades psicológicas supone un esfuerzo por nuestra parte. Pero con la práctica constante, podemos aprender a desarrollar nuestras habilidades psicológicas hasta el punto de ser capaces de controlar nuestros estados mentales y emocionales en lugar de sentir que somos controlados por ellos.