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27. Introducción a los sistemas de juego abierto, modelos o patrones

No puedo asegurar que exista un deporte que haya sufrido tantos cambios en las reglas en un periodo tan reducido como el de la existencia del rugby, aunque quizás no sería demasiado difícil de averiguar, todo está escrito, pero para el asunto a tratar no es demasiado importante verificarlo.

Para los que tenemos “memoria”, y está es una forma agradable decir años vividos y vinculados al rugby, no sería demasiado arriesgado asegurar que prácticamente todos los cambios, o por lo menos los que han causado un verdadero impacto en el juego, han beneficiado a su desarrollo, espectacularidad, belleza y seguridad.

Con demasiada frecuencia se suele escuchar el mantra “cualquier tiempo pasado fue mejor”, y considero que no es nuestro caso, cualquier tiempo pasado, fue exactamente eso, pasado y esto no implica que no nos divirtiéramos tanto o más que ahora, pero quizás, si hubiésemos jugado con las reglas y conocimientos actuales nuestros esfuerzos en el campo de juego y en el entrenamiento se hubieran visto mejor recompensados.


Muchas han sido las variaciones de las reglas que han condicionado la evolución positiva del rugby, pero por citar algunas que han causado un verdadero impacto no debemos pasar por alto:

- Todos los cambios producidos en la melé (utilizándose como argumento la seguridad del participante y la fluidez del juego, entre otros), elemento que junto con el balón son los dos componentes que más caracterizan a nuestro deporte, ya que el contacto existen en otros muchos.
Aunque el objetivo inicial de la melé pudiera ser el mismo al actual una disputa/competencia justa por el balón y sobre todo, y a nivel técnico, agrupar a un elevado número de personas en un área reducida, permitiendo espacios libres en otras zonas del campo a explorar mediante carreras, pases y patadas, no podemos ignorar que se trataba de una fase caótica, sin orden ni concierto, dónde casi todo estaba permitido, desde la fase de “engage”, prácticamente al libre albedrío de los equipos, a la salida del balón presionada por la tercera línea rival, levantada como “perros de presas” para intentar coartar las posibilidades de utilización de los espacios por el contrario.




- Otro de las grandes cambios ha sido, sin lugar a dudas, dar luz a las “oscuridades” que se presentaban en los laterales, con un pasillo separador de los alineamientos que solo existía en la normativa. Y no debemos olvidar la indefinición del ganador de la fase, al no existir la posibilidad de levantar al saltador…




- La señalización clara y precisa de los fueras de juego, cambiándose los límites respecto a las primeras fases y en el área de placaje, lo que garantizaban tiempo y espacio al atacante para crear más “espectáculo”.

- Y, en general, el juego en el suelo, que aunque actualmente aún se están incorporando modificaciones, ha “limitado” las posibilidades de actuaciones “negativas” de los jugadores.







Podríamos seguir enumerando otros cambios no menos importantes que han beneficiado nuestro juego, pero no debemos de olvidar que todas esas modificaciones han ido produciendo innovaciones en la forma de interpretar el mismo por parte de entrenadores y jugadores, y como consecuencia, las sensaciones en los espectadores.

En ese tiempo “primigenio”, casi todo consistía en ganar el balón en las primeras fases y/o salir con el balón con el 8 a partir de la melé, con el apoyo de sus flankers, esperando “derrotar”, en el sentido estricto de la palabra, a los rivales directos que estaban esperándolos de pie, o abrir a los tres cuartos a partir de un medio de melé que al mínimo descuido era capturado por el 9 rival, prácticamente antes de haber puesto sus manos sobre el balón. Pocos movimientos, pocas alternativas…, y de sistemas y modelos de ataque y defensa, mejor no hablar, por inexistentes.

En honor a la verdad, y corriendo cierto riesgo podríamos indicar que sí existía un modelo de juego, uno y generalizado, ya que es necesario señalar que hasta la década de los 90, no empezaron a tratarse estos elementos como variaciones del juego que iban a marcar la diferencia dando entrada al concepto más actual del rugby de hoy en día.

El modelo que practicábamos y que se practica con excesiva frecuencia en la actualidad se basaba en asignar roles específicos a delanteros y tres cuartos. Los delanteros cuando en “alguna ocasión” podían correr con el balón, jugaban en penetración, e incluso, a veces, se podía escuchar desde el banquillo, “un delantero nunca pasa el balón”. Tarde o temprano el avance se detenía por la defensa contraria, momento en que los tres cuartos podían optar por el balón. Y comenzaba el modelo, el balón era abierto a los tres cuartos y, los delanteros, posteriormente, se levantaban y perseguían el balón a través del campo.

Algo similar ocurría a partir de las primeras fases, particularmente melé y lateral, ganar el balón, levantar la mirada, ver hacia donde se dirigía el juego para apoyar ante la posibilidad de una interrupción en la continuidad del mismo, mantener la posesión, abrir y perseguir, una vez y otra vez, durante 80 minutos. Hablar de juego de fases en las que interviniesen delanteros y tres cuartos en acciones comunes era algo impensable.

En un momento determinado, a alguna mente pensante, probablemente, se le ocurrió, que si comunicaban con antelación a los jugadores como se iban a desarrollar los movimientos, podrían estar en la posición adecuada más rápidamente, o por lo menos, antes que el contrario, para mantener la posesión, dar apoyo, favorecer la continuidad…, en una palabra crear desorden defensivo y explotarlo. Esto daría lugar al juego de fases.

A partir de este momento, y conforme los diseños de modelos se van haciendo más sofisticados, llegamos a punto en el que se establecen ciertas controversias entre los “diseñadores” del juego.

“Scott Allen de Green and Gold Rugby nos indica que aunque en la actualidad la mayoría de los equipos usan "patrones" o "estructuras" en el nivel profesional y amateur de grado superior, existen cierta disparidad o corrientes de pensamientos sobre la “excesiva o no” utilización de dichas estructuras, desde los que las consideran muy necesarias para favorecer otros aspectos del juego, hasta los detractores de las mismas que piensan que robotizan a los jugadores y en definitiva al juego.

Aquí se expone la opinión de Eddie Jones, el ex entrenador de Brumbies, Reds, Wallaby, Japón y en la actualidad con Inglaterra, sobre las estructuras y los patrones.

Cuanto menos piensen los jugadores en el campo, mejor. Quieres que los jugadores puedan usar sus habilidades y si tienen que pensar demasiado deben luchar por usar sus habilidades y es por eso que necesitas tener una organización. Necesitas tener una estructura que permita a los jugadores usar sus habilidades. Ciertamente, quieres que puedan aprovechar las oportunidades disponibles, pero cuanto menos tengan que pensar, mejor.

Y esto es lo que piensa David Campese, uno de los atacantes más talentosos de los Wallabies.

El jugador moderno se está alejando del juego. Los entrenadores les dicen cómo pensar, cuándo pensar y qué pensar y..., “deje que los jugadores jueguen, no los convierta en robots".

Scott Allen considera que las opiniones de Eddie Jones y David Campese están cada una en un extremo del espectro y no cree que se trate de blanco o negro. Cree que debería haber una mezcla de ambos enfoques.

Para él, "estructura" se relaciona con la forma de tu ataque. Por ejemplo, ¿juegas plano o profundo? ¿Tus delanteros juegan fuera del número 9 o del número 10? ¿Los "patrones" se relacionan con la dirección de tu ataque en múltiples fases?

Algunos de los patrones simples y comunes utilizados por los equipos en todo el mundo son un "around the corner" que hace referencia a que el balón se mueve de la misma manera en una serie de fases hasta que se agote el espacio en el campo, o un "21" lo que significa dos fases en una dirección y luego una en la otra dirección.

La estructura es importante sin importar qué patrón se está utilizando o en qué fase. Tener una forma claramente definida en ataque hace que sea mucho más fácil para los jugadores conocer su rol y posicionarse temprano.

Los patrones varían dependiendo de las circunstancias. En las primeras fases, los patrones de ataque son importantes, pero es difícil seguir jugando un patrón durante más de tres fases. Después de eso, los que toman las decisiones en un equipo deben decidir qué hacer o "jugar en función de lo que tienen delante", como Robbie Deans ha dicho a menudo”.

En los siguientes capítulos se analizarán algunos de los sistemas (modelos) de juego abierto más comunes en la actualidad, como pueden ser el 2-4-2 o el 1-3-3-1. Solo indicar como anticipo que dicha numeración hace referencia a la colocación de los delanteros a lo ancho del campo, omitiendo a los tres cuartos que en los diversos sistemas suelen variar sus ubicaciones.